miércoles 27 de abril de 2011




Las únicas normas que respeto son las licencias métricas.

domingo 7 de noviembre de 2010


Vivo en una sociedad en la que el nivel de calidad de vida y bienestar se mide por el aumento del número de capas del papel higiénico.

miércoles 14 de julio de 2010

Locus amoenus



Era una bochornosa tarde de verano, de esas en las que parece que el sol no quiere continuar su camino hacia el oeste, que se ha quedado parado y no hay quien lo mueva.
Hugo Rodríguez volvía cansado de trabajar cuando, de repente, se vio abducido por la imagen de un anuncio publicitario que había en la marquesina de una parada de autobús.
Era el anuncio de una marca de tabaco Light. La fotografía mostraba un paisaje realmente cautivador: un vítreo lago permitía la simetría entre algunos sauces, las imprescindibles nubes y el reflejo de éstos. En el horizonte no se veía nada más, todo era cielo.
Era exactamente el lugar donde nuestro protagonista quería estar en ese momento. No buscaba un lugar al que pertenecer, ni mucho menos, ya que no se consideraba de ninguna parte. No pertenecería a ningún sitio ni siendo un experto en camuflaje. Buscaba un lugar en el que sentirse bien, quizás para abandonar su cuerpo y ser puro espíritu, una especie de alma errante sofisticada, y lo había encontrado.
Lo primero que hizo fue ir a un estanco y comprar un paquete de esos cigarrillos Light, para así tener algo por donde empezar. Acto seguido, y guiado por un impulso, llamó al número de “servicio de atención al consumidor” escrito en uno de los laterales de la cajetilla. Su misión era averiguar la localización de aquel lugar para llegar hasta él. Habló con un hombre no demasiado simpático que, después de un batallón de preguntas, le proporcionó el número del publicista, gracias al cual se enteró de que el maravilloso entorno se encontraba al norte del hemisferio derecho.
En menos de media hora había llegado a su destino y en menos de dos minutos se había marchado. Nada era como la imagen mostraba. Tras los sauces se levantaban estructuras que rayaban el cielo horizontalmente y lo encarcelaban, las nubes debían de haberse evaporado y el lago era del color de un montón de acuarelas mezcladas. Además hacía demasiado frío y no se estaba bien. Hugo se sentó en la hierba mojada, y se quedó un instante observando sus zapatos llenos de barro. Después, encendió un cigarrillo, dio una calada y un suspiro se fundió con el humo.
Viajar con la mente es fascinante, nuestro cerebro es el mejor chófer, aunque carreteras cortadas haya en todas partes.

lunes 10 de mayo de 2010

Damas y caballeros, niños y niñas...





Mi vida es un auténtico circo; vivo rodeada de payasos, animales y malabaristas que sólo saben tocarse las pelotas.

lunes 5 de abril de 2010

Por escuchar



Cada momento que vivimos está acompañado de una melodía. Si escuchamos la canción adecuada en el instante preciso nuestro estado de ánimo cambia radicalmente y nos damos cuenta de que la vida es un poco mejor gracias a la música. Es entonces cuando creo que alcanzamos la inspiración.

Adoro escuchar música mientras camino o cuando viajo en autobús y miro melancólicamente a través de la ventana. Es como si yo ejerciera de nexo entre lo que escucho y el paisaje que visualizo, y a cada paso que doy o a cada kilómetro que recorro, plantase una especie de armonía enlatada en una máquina extrafina con pantalla y un botón-ruleta en el centro. En este momento mi mente consigue desprenderse de mi cuerpo, pero basta una cara conocida en la acera de enfrente o un inoportuno peaje para anclarla de nuevo a mi armadura vacía. Y es así como vago por la calle cuando mis tímpanos se transforman en magníficos percusionistas y mi cabeza en un globo de helio.

En una de las esquinas del techo de mi habitación apareció hace unos meses una mancha negra del calibre de una gotera. Mi madre no se decide a pintarla porque cree que si mantengo la ventana abierta constantemente acabará secándose. Piensa que es una humedad producida por los cambios de temperatura repentinos, pero se equivoca, yo sé lo que es en realidad. Son los restos mortales de todas esas canciones que escuché alguna vez enclaustrada en mi habitación y que deseaban evaporarse y fundirse con el viento. Es música muerta.

domingo 13 de diciembre de 2009

Querido Celaya.



Querido Celaya, desde que la poesía es un arma cargada de futuro vivimos en un alto al fuego.

martes 8 de diciembre de 2009

Hidrometeoro


La vida es dura, por eso prefiero vivir en una nube, las texturas gaseosas me resultan más cómodas.